Una clínica dental en un barrio de Madrid.

Las clínicas dentales de barrio son establecimientos de proximidad. Servicios integrados en la vida del barrio y cercanos a los vecinos. Vamos a ver como esto es así en la historia de algunas clínicas de Madrid. Una realidad que es extrapolable a cualquier barrio de cualquier ciudad de España.

La O.C.U., Organización de Consumidores y Usuarios, publicó en su momento un estudio que señalaba que la mayoría de los consumidores preferían acudir a clínicas dentales que estuvieran ubicadas cerca de su lugar de residencia o de trabajo.

Esto los dentistas lo saben y por eso se adaptan a sus pacientes. Los odontólogos de Clínica Dental Plaza Prosperidad, ubicada en este barrio de Madrid, nos comentan que se dieron cuenta de que uno de los problemas que tenían algunos de sus clientes es que tenían miedo a ir dentista. Tanto es así, que hoy se consideran una clínica especializada en vencer esos temores. Para eso inspiran confianza en el paciente, nada pone un pie en la clínica. Le explican con detenimiento lo que le van a hacer y practican técnicas como la sedación consciente. Por la cual, el cliente se encuentra anestesiado, pero puede ver lo que el odontólogo le está haciendo.

Muchos pacientes descubren su clínica dental de cabecera porque se la ha recomendado un familiar o amigo o porque pasan a diario por la puerta del establecimiento.

Rosa, que vive en el Barrio del Pilar, cuenta que se colocó unos implantes en una clínica que se la recomendó una amiga con la que suele quedar a tomar café. “Nos conocemos desde hace mucho tiempo, desde que nuestros hijos eran pequeños y los llevábamos al colegio.” – Nos dice. – “Si mi amiga me recomendó esa clínica es porque piensa que es buena. La verdad es que me han atendido muy bien. No puedo quejarme.”

Raúl, que es de Carabanchel de toda la vida, tiene una clínica dental al final de su calle. Pasa por allí todos los días cuando va a coger el metro para ir a trabajar. Siempre que ha tenido que arreglarse la boca ha acudido a ella. “Para qué voy a buscar otro sitio, teniendo la clínica al lado de casa.”

La sintonía con las características del barrio forma parte de la filosofía de estas clínicas dentales. Veámoslo en otras historias.

Una clínica para niños.

El periódico digital Barrio Salvador-Madrid nos habla de una clínica dental en la zona de Arturo Soria de la que los niños no quieren salir.

En la fachada del establecimiento, justo encima del rótulo, hay dos figuras de cangrejos rojos que mueven las pinzas para arriba y para abajo. Un detalle que no pasa desapercibido para los niños que pasan por la puerta.

Nada más entrar, pasas a la sala de espera. Con las paredes decoradas con dibujos de peces, tortugas, medusas, etc. Es como si te sumergieras en la película de la sirenita, de Nemo o en un capítulo de Bob Esponja. La sala, que sirve también de recepción, contiene mesas pequeñas y sillas con juegos y acertijos relacionados con el mar. Cuando los niños pasan a la consulta, se encuentran relajados después de jugar.

La cosa no queda ahí. La consulta en la que se atiende a los pequeños pacientes está decorada como si fuera la cabina de mando de un submarino amarillo. Con una escotilla al frente y otra en el techo, en la que están pintados peces de colores nadando.

El odontopediatra Juan Moreno, creador de esta idea tan original, nos cuenta que en el barrio hay muchos niños, pero no había una clínica dental especializada en tratarlos y menos desde el punto de vista de que estuvieran cómodos. Si la resistencia a ir al dentista por parte de los adultos es grande, en el caso de los niños, es aún mayor.

Un dentista diferente.

El odontólogo y cirujano dental Rafael Zeballos emigró a Madrid desde su Venezuela natal hace más de 10 años. Comenzó trabajando como dentista por cuenta ajena en algunas cadenas de franquicias. Dice que no podía elegir el tratamiento que iba a aplicar a sus pacientes. En todas las clínicas donde trabajaba existía la figura del comercial. Un odontólogo que se encargaba de vender el tratamiento más caro posible a los pacientes.

Económicamente, a Zeballos no le iba mal, ganaba más dinero que en Venezuela; sin embargo, veía prácticas que no le encajaban. Le obligaban a colocar implantes cuando se podían recuperar los dientes del paciente. Claro, colorar un puente o una corona es más caro que hacer una endodoncia.

Rafael se dijo, así mismo, que si abría su propia clínica nunca iba a hacer lo que le habían obligado a hacer. Más aún, si podía, lo denunciaba. Trajo a su mujer Katherine Benítez de Venezuela, la cual también era odontóloga diplomada. Convalidó su título en España e hizo un Máster en estética dental por la Universidad Complutense de Madrid.

Entre los dos han abierto una clínica dental en Pacífico, cerca del Puente de Vallecas. Cogieron el local prácticamente vacío. Han tenido que equiparlo a base de pedir préstamos y con la ayuda del padre de Rafael.

Durante los primeros meses de funcionamiento de la clínica, todos sus pacientes eran venezolanos. Hoy afirman que la proporción se va nivelando poco a poco. Aproximadamente un 70% de venezolanos y un 30 % de españoles. “No queríamos ser un gueto” – dice Rafael –“pero desde luego, lo que tengo claro es que no le voy a poner tratamientos a la gente que no necesita. Quiero ser un dentista diferente a las franquicias.”

Dentistas solidarios.

Mónica Pérez, portavoz de la Comisión de Compromiso Social del C.O.E.M., el Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid, habla en la página web del Colegio de los proyectos sociales que están impulsando en los barrios de Madrid.

Con la ayuda de administraciones públicas y entidades privadas están haciendo pequeñas cosas en los barrios, que en su opinión, tienen una gran repercusión. La idea es llevar la salud dental a los colectivos más necesitados. El problema que se encuentran para ello, es el alto coste de los tratamientos.

Por otro lado, es importante poner en marcha campañas de prevención. El mejor tratamiento de salud dental es prevenir las enfermedades dentales antes de que aparezcan. Por eso es necesario que se impulsen en las escuelas campañas de concienciación para educar desde pequeños en una higiene dental habitual y en llevar una alimentación sana.

Mónica explica que hacen especial hincapié en trabajar con colegios de barrios obreros. El hecho de haber crecido con una situación socioeconómica determinada no puede ser un condicionante que marque la salud dental de una persona.

El trabajo de los odontólogos tiene una vocación de servicio público. Por eso, Mónica anima a los profesionales del sector a que conozcan y colaboren con los proyectos sociales que impulsa el C.O.E.M.

En este sentido, el C.O.E.M. trabaja en algunos barrios de Madrid mano a mano con algunas ONG. Como con “Culturas Unidas”, con quien tienen un consultorio abierto en el barrio de Lavapiés, donde atienden a personas derivadas por los Servicios Sociales, aplicando precios reducidos. O en la zona del Puente de Vallecas, donde han montado una clínica que colabora con Centros Reto, una asociación que ayuda en la recuperación e integración de personas que han sufrido alguna adicción o que se encuentra en riesgo de exclusión local. En esta clínica, el centro busca financiación para que los tratamientos que se adapte a la situación económica de los pacientes.

El Colegio de Odontólogos también colabora con la Universidad Complutense de Madrid, con la Universidad Alfonso X “El Sabio” y con la Universidad Europea de Madrid, ofreciendo consultas a bajo precio a los estudiantes que son efectuadas por alumnos de la carrera de odontología en prácticas.

Beneficios de las clínicas de barrio.

Desde luego, si los vecinos optan por acudir a las clínicas dentales que hay en su barrio, no es solo porque les coge más cerca. Esto son algunos beneficios que ofrecen estos establecimientos:

  1. Accesibilidad: Las clínicas dentales locales ofrecen mayor accesibilidad a los pacientes que residen en la zona. Esto facilita la programación de citas y reduce los tiempos de desplazamiento.
  2. Conocimiento del vecindario: Los profesionales de estas clínicas a menudo están familiarizados con la comunidad local, lo que les permite comprender mejor las necesidades y preferencias de los pacientes, brindando un servicio más personalizado.
  3. Atención personalizada: Al tratarse de entornos más pequeños, las clínicas de barrio pueden brindar una atención más personalizada, estableciendo relaciones cercanas con los pacientes y abordando sus preocupaciones de manera individualizada.
  4. Enfoque preventivo: Estas clínicas suelen adoptar un enfoque más preventivo, educando a los pacientes sobre prácticas saludables y proporcionando servicios de atención dental regular para evitar problemas más graves a largo plazo.
  5. Colaboración con la comunidad: Las clínicas locales a menudo participan activamente en eventos y programas comunitarios, fomentando la conciencia sobre la salud bucal y contribuyendo al bienestar general de la comunidad.

Las clínicas dentales de barrio son un servicio sanitario de calidad que tenemos, prácticamente, al lado de casa.

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